Cumplir “a ojo”: tres prácticas que no te protegen en una verificación
Capacitaciones genéricas, asesores que no dominan el tema y cumplimiento de último minuto. Por qué parecen suficientes y por qué no lo son.
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Cuando una empresa descubre que tiene obligaciones de prevención de lavado de dinero, lo común es buscar una solución rápida. El problema es que muchas de esas soluciones solo dan la sensación de cumplir.
1. Capacitaciones genéricas
Un curso en línea genérico puede servir como introducción, pero no prepara al personal para lo que enfrenta a diario: identificar a un cliente, reconocer cuándo una operación rebasa un umbral o saber qué documentos pedir.
La capacitación útil se construye con casos de la propia actividad y está dirigida al personal que atiende a clientes y opera las transacciones.
2. Asesores que no dominan el régimen
La prevención de lavado de dinero para actividades vulnerables tiene reglas propias: sus guías, sus umbrales, sus formatos de aviso. Un asesor que no las conoce a fondo puede dejar huecos que solo se descubren en una verificación.
3. Cumplimiento reactivo
Es el más costoso. La empresa se ocupa del tema solo cuando llega una visita de verificación o una multa. Para entonces, los avisos no presentados y los expedientes incompletos ya son un hecho.
Qué hacer en su lugar
Cumplir bien no significa cumplir con más papeles, sino con un programa ordenado: saber qué te aplica, documentarlo, capacitar a quien opera y dar seguimiento mes con mes.